Arístóteles vuelve prosaica al alma, de mortalidad y nos la vuelve tan cercana que parecería sacrilegio. Al contrario que Platón, que une al alma al cuerpo como algo transitorio, siendo su verdadera morada el lejano horizonte de las ideas, Aristóteles no concibe este pensamiento y la ocupa como algo totalmente nuestro, tan nuestro, que cuando morimos ella muere con nosotros…
El alma nos dota de movimiento, nos hace vivientes, nos capacita de inteligencia, es el acto de los seres que tienen en potencia vida y… los animales la tienen. Pero para entender eso mismo, Aristóteles diferencia tres tipos de Alma, la vegetativa, la sensitiva y la intelectual. Solo los hombres poseemos las tres, mientras que los animales solo poseen las dos primeras.
Aristóteles convierte el alma como el principio básico del movimiento, del movimiento de los seres vivos, de aquellos objetos que son en potencia vivientes. Nos trae el alma al cuerpo, donde nunca salió, donde nacerá y morirá con él.