No tiene el estilo de Platón, más bien es un tratado áspero de las diversas organizaciones políticas que existían en la antigua Grecia. Crítica la forma política de Platón y Sócrates y después de dictar lo que está bien y mal de cada organización: es decir, gobierno popular, aristocracia o monarquía y sus versiones corrompidas como democracia, oligarquía y tiranía, decide o considera la mejor como la aristocracia.
Habla sobre las leyes y su mutabilidad responsanble, sobre economía y su desprecio a la usura. La repartición de la tierra de forma equitativa es para él, clave para una buena organización de una ciudad.
La ciudad está formada por barrios, y familias cuya organización debería ser diferente pues si en la familía se ha de aplicar el señorío en la ciudad deben primar otros intereses que favorezcan al conjunto de los ciudadanos.
Difícil de tragar sus argumentos sobre la exclavitud y la mujer, pues al igual que la mente gobierna al cuerpo, hay personas que están destinadas a obedecer y otros a mandar. Sobre la mujer opina que su labor ha de ser silenciosa y respetuosa con el marido.
En este libro se encuentran muchas de las claves para entender los siglos venideros fundados por una forma de pensar aristotélica.