Algunos piensan que para que sirve andarse con cacharros fuera de la órbita terrestre, que es un gasto inútil cuando tenemos otros problemas más importantes aquí abajo: el hambre, las injusticias sociales, etc… Hace 40 años los Estados Unidos posaron sobre nuestro satélite al primer hombre con un ordenador decenas de veces menos potente que el móvil que tenemos en nuestro bolsillo.
El Apolo XI despegó de cabo cañaveral un 16 de Julio de 1969. Kennedy había lanzado un reto al mundo años antes. Veríamos un hombre en la Luna. Aquello era inimaginable. Julio Verne escribió un libro sobre aquello en el siglo XIX pero era ficción… Quizás sólo él, y muy pocos más, creían que fuera posible la hazaña.
Todos estos acontecimientos suceden a golpe de sorpresas, casi nadie creía en Colón cuando intentaba buscar una nueva ruta hacia las especias. Hoy esta mentalidad quizás haya desaparecido y puede parecer que todo es posible: la cura del cáncer, energía sostenible… Ésta transición puede favorecer que los proyectos se consigan sin tantas trabas o prejuicios.
Al sur del Mare Tranquilitatis Neil Armstrong dejo una huella imborrable en la Luna y en el colectivo humano. ¿Hasta dónde podemos llegar? pero al mismo tiempo surge otra duda ¿Es necesario?
Un recelo planea sobre nosotros cuando hablamos de naves espaciales y transbordadores, satélites artificiales y sondas… ¿Es prioritario? Existen personas que no llegan a relacionar la investigación del espacio con otras más sociales como las curas de enfermedades trágicas.
Los avances en varios campos proporcionan vías y alternativas a lineas de investigación aparentemente inconexas. La investigación es buena de por sí, y no sólo tiene un objetivo sino que da simiente a multitud de proyectos y soluciones.
El proyecto Apolo, en el que está incluido el famoso Apolo XI no sólo permitió dejar a un hombre saltarín sobre el suelo de la Luna, mejoró sin duda procesos industriales que se aplican hoy en día. La multitud de ramas que genera el conocimiento del espacio, la investigación en ciencias de la salud, tecnológicas o simplemente de comprensión de aquello que nos rodea, el misterioso espacio, es necesario para resolver los problemas de la Tierra, pues abre la mente de los científicos, hace encender esa bombilla que que ocupaba otras zonas para iluminar caminos insospechados.
No será extraño recibir la noticia de que se puede curar un cáncer gracias a un proyecto espacial de millones de dólares, pero alguno, todavía le parecerá innecesario gastar el dinero en llegar marte y saludar con la mano.
