El miedo a los bárbaros es una reflexiva lista de ideas sobre las relaciones actuales entre lo que llamamos oriente y occidente. Tzvetan Todorov apuesta por un reconocimiento mutuo de culturas y una aplicación coherente de los valores democráticos hacia culturas diferentes.
Tzvetan Todorov incide en su libro en las relaciones tan tensas entre el occidente y el islam. Basicamente plantea una serie de errores y consejos que deberíamos atender en pro de nuestro bienestar. Según Tzvetan Todorov las civilizaciones se pueden dividir en dos frentes, las civilizaciones del miedo y las del resentimiento, a las primeras pertenecerían los paises occidentales y a las segundas los países de cultura musulmana.
El choque de civilizaciones no es tal choque. No existe una cultura o religión más violenta que otra. Si existen problemas políticos y sociales que usan dichos sentimientos en contra de civilizaciones que durante años han humillado a sus vecinos más pobres. La política norteamericana del presidente Bush sólo acrecentó el odio de los pasies musulmanes contra occidente, y sus líderes han aprovechado dichas guerras para camuflar sus propias debilidades de estados totalitarios o de déficit democrático.
Si déjaramos de crear conflictos armados en favor de una democracia que no casa bien con los medios utilizados, una hipocresía flagrante de los paises occidentales, podría verse algún día, cambios internos en los países musulmanes en favor de los derechos humanos, porque los derechos humanos no son exclusivos de una nación o de occidente, sino de la humanidad entera. No obstante humillaciones como la guerra de Irak sólo hacen crecer el descontento y el odio de los paises musulmanes y nunca solventará el problema.
Tzvetan Todorov reflexiona sobre las caricaturas de Mahoma o sobre el discurso del papa en Ratisbona. Apela a una comportamiento inteligente y un estudio más profundo de los problemas sociales antes de iniciar cualquier agresión en defensa propia.
El libro acaba con la identidad europea, y su significado. Europa no será nunca una nación, pero eso no es un problema, sino una ventaja. La competencia entre estados revolucionó la cultura y la ciencia haciendo del continente la primera potencia mundial. En países como China y Estados Unidos si se adoptan medidas en contra, por ejemplo, de la investigación de celulas madre, se para por completo, mientras que en Europa, si no es un país, será otro quien inicie las investigaciones. Esta competencia no debe ser una barrera para generar un espacio común Europeo. Debemos independizarnos de Estados Unidos, porque no tenemos los mismos objetivos que los americanos.
Europa es fuerte gracias a su pluralismo, y así deberá ser, no es una nación, pero juntos estamos orgullosos de ser europeos, de la cultura y de la ciencia que se produjo en nuestro continente gracias a dichas diferencias.
Totalmente recomendable.
