Harto en el modo en que te comes un cocido y no deseas más que dormir la siesta. No puedo creer que en España se gasten tantos esfuerzos en preguntarse quiénes somos. Yo pensaba que los mejores filósofos del mundo eran los antiguos griegos y alemanes, pero el pueblo que más se ha preguntado por si mismo es sin duda el español.
A mí me parece bien que se cuestionen su propia existencia, pero debería ser más propio de tabernas y cafés que de los parlamentos. Un parlamento está para resolver los problemas de los ciudadanos: El paro, la inmigración, la educación… no la propia identidad como pueblo.
La energía que se gasta en tales menesteres nacionalistas periféricos o no, sólo conducen a no centrar la opinión pública en temas más graves. En este país nadie discute sobre educación, aparte de los que son afectados, a nadie le importa que hayan existido tropecientasmil leyes de educación y estemos a la cola en calidad. Eso sí, escurrimos nuestros cerebros para fundamentar que el País Vasco es español, o que Cataluña debería ser un estado independiente.
Me siento estafado cuando políticos de distintas ideologías llenan las páginas de periodicos con argumentaciones vacuas sobre la conveniencia de estar o no en no se qué territorio. ¡Qué dolor de cabeza! ¿Podían llenar los mismos periódicos de propuestas económicas para afrontar la crisis?
El nacionalismo es un tema muy conocido, sus discursos están duplicados, triplicados y cuatriplicados cada año. A mi me parece feudal. Si por mi fuera sería de la opinión de Saramago y Pérez-Reverte que abogan por una Iberia, es decir, España y Portugal unidas. Pero por favor, ya por cansancio, si me aseguran que el País Vasco se independiza y dejan de dar la lata los políticos a quienes he votado con tanto tremendismo y argumentaciones, por dios, que se vayan.
Necesito que llenen el espacio nacionalista radiofónico, televisivo y de papel de otras cosas, de la violencia machista, de la educación, de economía, aunque fuera con la misma bajeza intelectual con la que dedican nuestros políticos al nacionalismo, quizás podríamos arreglar algo.
El nacionalismo es demagogia, sólo pretende exaltar el primitivo instinto de territorialidad de los votantes con tal de que partidos ostenten el poder. El problema es que cuando se saben repetidos, manipulan a los que desafortunadamente han tenido consecuencias nefastas, como un auxilio argumental.
