La obra maestra de George Orwell deja una sensación de abandono, de desesperanza. Una crítica atroz contra los totalitarismos, del pensamiento único, de la ausencia de individualismo en los hombres. No pude por más que imaginarme al Gran Hermano como la encarnación de Stalin, y Goldstein como Troski. Es evidente que Stalin no llegó a tanto, pero sin duda controló hasta el propio pasado. Son famosas las manipulaciones de fotos donde vaporizaba a personajes que se habían convertido en enemigos.
¿Puede el amor individual ser una vía de escape al control omnipresente del Gran Hermano? ¿Pueden ser los salvadores las personas oprimidas, en el libro, los proles? La clave en el libro está en la anulación del pensamiento individual en favor del poder colectivo, un ente que pretende ser perfecto, ajeno a lo exterior, porque la realidad es pensada y deseada por el Partido, es decir, el colectivo. El pasado es modificable, el futuro es prometedor, una cadena de triunfos que moldea el colectivo como quiere. El odio frente al amor, el amor siempre será signo de debilidad. En el mundo del Partido nada hay imperfecto, pues es Dios y su pensamiento es la realidad.
Imprescindible para aquellos interesados en la política y la filosofía. Recomendable haber leido antes Rebelión en la Granja, del mismo autor.
