Hoy, quien se adentre en el parque nacional de Covadonga, verá un hermoso paisaje de montaña: Lagos, picos, verdes praderas y hermosas aves y animales viviendo entre León y Asturias. El 28 de Mayo del año 722, dichos parajes acogieron una batalla rodeada de mitos y leyendas, liderada, por parte de los cristianas, por Don Pelayo.
Afrentado por el gobernador Munuza, ya que éste se había casado con su hermana, cruzando el antiguo pueblo leonés de Breces, y el río Piloña, se reunió en Cangas de Onís con mandatarios visigodos. Pelayo convenció a los mandatarios de que las Tierras del Sur de España eran de sus propiedades, y que era deber de ellos, recuperarla. Fue elegido Jefe militar en el año 718.
Una de las consecuencias que trajo la reunión en Cangas de Onís era el de dejar de pagar tributos a Al-Andalus, como muestra de sublevación contra la ocupación musulmana.
Munuza sufre pequeñas escaramuzas por todo el territorio y pide ayuda al sur para que les envíen refuerzos y poder derrotar el foco rebelde subiendo la moral del lado moro.
Enterado de que ejércitos musulmanes se dirigían a Asturias, decidió asentarse en Cova Dominica ya que, las tropas moras, deberían pasar por allí en su camino. Era un lugar idóneo para tramar una emboscada, por lo abrupto del terreno, senderos al borde de precipicios. En definitiva, un paisaje excelente para una batalla, si se conocía el terreno.
El ejercito musulmán dirigido por Alqama, llegó por fin a las tierras de Covadonga en 28 de mayo del 722. Los ejercitos contaban por parte del liderado por Pelayo de 300, siendo este dato bastante fiable, no tanto el del número de musulmanes, que en algunos sitios se cuenta por centenares de miles, lo más probable es que fueran varios centenares.
El mito cuenta que el traidor Oppas, cristiano a las órdenes de las fuerzas musulmanes, incitó a Pelayo a que se rindiera con estas palabras: Juzgo, hermano e hijo, que no se te oculta cómo hace poco se hallaba toda España unida bajo el gobierno de los godos y brillaba más que los otros países por su doctrina y ciencia, y que, sin embargo, reunido todo el ejército de los godos, no pudo sostener el ímpetu de los ismaelitas, ¿podrás tú defenderte en la cima de este monte? Me parece difícil. Escucha mi consejo: vuelve a tu acuerdo, gozarás de muchos bienes y disfrutarás de la amistad de los caldeos.
A lo que contestó Pelayo: ¿No leíste en las Sagradas Escrituras que la iglesia del Señor llegará a ser como el grano de la mostaza y de nuevo crecerá por la misericordia de Dios? Cristo es nuestra esperanza; que por este pequeño montículo que ves sea España salvada y reparado el ejército de los godos. Confío en que se cumplirá en nosotros la promesa del Señor, porque David ha dicho: ‘Castigaré con mi vara sus inquietudes y con azotes sus pecados, pero no les faltará mi misericordia.’ Así, pues, confiando en la misericordia de Jesucristo, desprecio esa multitud y no temo el combate con que nos amenazas. Tenemos por abogado cerca del Padre a nuestro señor Jesucristo, que puede librarnos de estos paganos.
Al margen de este diálogo, más bien leyenda que realidad, Pelayo con 100 de sus hombres se guardaron de la vista de los moros en la famosa cueva de Covadonga, mientras que el resto ocuparon puestos alrededor de los cerros del lugar. A la venida de los musulmanes, los que guardaban desde los cerros comenzaron a disparar saetas. Los moros a duras penas podían defenderse dado lo estrecho del camino. Pelayo y sus 100 hombres descendieron de la cueva para atacar las huestes moras dividiéndolas en dos grupos´y provocando la huida del ejército del Sur.
Alqama murió en la batalla, Oppas, el cristiano traidor que intentó llevar a la causa mora a Pelayo, fue capturado. Desde las crónicas árabes, dicha batalla no supuso un grave trastorno. Aquella región tenía muy poco interés para ellos. Se califica a Pelayo y sus hombres como asnos salvajes.
Cuenta la leyenda, que el día de la batalla en el cielo apareció una cruz, Pelayo cogió dos maderas formando dicho símbolo, y una lluvia de piedras cayó sobre los moros, provocando su retirada. Gracias a la victoria, se erigió en honor a la Virgen un Santuario en Covadonga.
Fuentes consultadas: