40 años con los mismos asesinos

Llevo oyendo lo mismo mucho tiempo. Cuando era pequeño apenas me afectaba, no sentía rabia ni furia contenida, asumía el problema como un problema de gente mayor, e incluso lo simplificaba tanto que pensaba para mi que era tan absurdo que seguro, yo, tenía la respuesta.

Vas creciendo, sobre ti se aposenta un cúmulo de razones, la sencillez de la juventud se va diluyendo en un pozo de argumentos, indispensables en la formación del hombre. Ahora todo aquello que veía con una fácil solución, ya no la tiene, pues dichas soluciones vienen derivadas de tesis e hipótesis razonadas. Estos asesinos no son racionales aunque se hayan aprendido frases, retórica, ideologías que, al fin y al cabo, no ponen en práctica, sus razones no son una pregunta lanzada al aire, son afirmaciones con el sonido de un disparo.

Recuerdo que Voltaire daría su vida para que su contrario ideologicamente pudiera expresar la suya. Daría su vida porque hay un factor de irracionalidad en el hombre, inextinguible mientras el hombre sea hombre. La razón de Voltaire es la más pura, pues muere por culpa de la irracionalidad, su contrario.

Frente a la razón matemática, la expansión del universio, la armonía de la naturaleza en la que todo es explicable, el hombre sólo juega con la razón y a veces acierta, pero no podrá sacudirse de encima su naturaleza irracional, por eso, tarde o temprano, desaparecerá como si fuera una anécdota en el infinito, irracional, pero con sentido teórico.

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