No es país para viejos

Los hermanos Cohen dirigen una película del oeste actual, pausada, a veces demasiado, que incide en el caracter y la determinación del azar en la vida de los hombres. Es azar que el cazador furtivo encuentre 2 millones de dólares en medio del desierto, es azar que el encargado de la tienda se salve a cara o cruz, y así, un largo etcétera.

Es interesante reflexionar sobre el azar o la suerte y, como éste, puede afectar a nuestras vidas. El azar vuelve irracional ciertos aspectos que al fin y al cabo no podemos controlar, sentimos miedo… incluso aquellos más fuertes, aquellos que lo tienen todo controlado, no se escapan de una suerte que será determinante en el destino de sus vidas.

No es un país para viejos trata de eso, del azar, y de su irracionalidad. El sheriff del condado en su última reflexión a su mujer, genial, por cierto, indica que frente a la adversidad de esta suerte demoníaca, no podemos sentir otra cosa que miedo, y nos refugiamos en quien creemos nos puede salvar de dicha irracionalidad (el fuego que nos da calor y el padre que vigila). El film acaba de forma brusca, en medio de esta reflexión, y parece indicarnos que incluso de quien tenemos absoluta confianza en que nos salvará de todo esto, no se escapa, tampoco, del azar modificador de las vidas.

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